UN MES SIN LUNARDI

Hace un mes, o mejor, esta noche, antes de apagar la luz de mi estudio, hará un mes que agarré el libro “Efemérides Culturales Argentina”, único bien material que me dejara el Profesor Jaime González Polero, y anoté con birome, bajo la última efeméride correspondiente al 4 de agosto: “2018 Falleció Carlos Emilio Lunardi a las 5 hs. en el Hospital Italiano. CABA”.
Hace un mes que estamos sin Carlitos. A mi me falta mucho más que un maestro, mucho más que un amigo, casi mi padre, como dije infinidad de veces, incluso en público, a pesar de que parecía incomodarse. Pero yo lo siento así.
En un homenaje que le hiciéramos hace mucho en la vieja “Cantina de David” en Buenos Aires, lugar que a él le encantaba, al momento del brindis y con los más de treinta asistentes al mismo, de pié, copa en mano, fue recorriendo de izquierda a derecha a cada uno con la mirada, diciendo lo que significaba que estuvieran allí no sin hacer una breve semblanza de ellos.
Cuando llegó a Luciano, su hijo, se le llenaron los ojos de lágrimas y solo pudo decir: “Lu es mi hijo, que diría…” pero cuando llegó a mí, dijo: “Raúl viene después de Luciano”.
Yo lo intuía, y esa vez lo dijo.
No escribo esto para darme importancia ni para que nadie crea que soy su natural sucesor. No lo tiene. Carlitos fue único. Su conocimiento, su trascendencia y su sentido común, además de un carácter muy especial, lo convirtieron en uno de los más importantes hombres del Movimiento Tradicionalista de las últimas décadas.
No quería escribir una sarta de elogios inconexos, quería escribir hoy un recordatorio que reflejara exactamente mi sentimiento.
Tal vez algunos piensen que se murió un tradicionalista como tantos que se han ido. Se equivocan. Carlos era maestro por naturaleza, nunca dejaba de enseñar, a propios y extraños.
Claro que a quienes lo miraban de costado, les enseñaba a fuer de enviarles alguna ironía, pero era su carácter, su forma de ser. Con los amigos era una fuente constante de anécdotas graciosas.
Por eso siempre será recordado en las reuniones de los tradicionalistas; en los asados, en los fogones, porque todos tienen un “sucedido” de Carlitos, que desean contar para reírse nuevamente con él.
Mañana 5 de septiembre, hará un año más (24) que falleció el Dr. Ezio Finucci, mi padre. Lo recuerdo constantemente, incluso al finalizar cada uno de mis programas, con su frase: “Vos hacé las cosas bién, los demás que hagan lo que quieran”.
¡Que dos viejos tengo encima…!

Last modified on Viernes, 07 Septiembre 2018 19:58

BORGES TAMBIÉN NACIÓ...

La crónica más fría de una efeméride dirá: “El 24 de agosto de 1899 nace Jorge Luis Borges.
De nombre completo Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, nacido en la ciudad de Buenos Aires, es uno de los mayores escritores de habla hispana, autor de Fervor de Buenos Aires "Ficciones", "El Aleph" y "Cuaderno San Martín", etc. La casa natal se encontraba en calle Tucumán 840, pero más tarde se mudarían a Palermo, en la calle Serrano 2135. A muy temprana edad comenzó a leer, ya con 4 años leía, motivado por la biblioteca de su padre, y luego a los 6 años de edad comenzó a tomar clases particulares, para escribir su primer relato en 1906, titulado "La visera fatal". Aprendió Inglés y Frances, y tomó sus estudios en el Liceo Jean Calvin. Con tan solo 11 años de edad tradujo a Oscar Wilde. Padecía una enfermedad hereditaria, que lo fue dejando ciego con el correr de los años, perdiendo completamente la visión a la edad de 55 años.
Fue considerado uno de los eruditos más grandes del siglo XX.”
Pero hay algo más en Borges.
Hay algo que hacía que en mi adolescencia lo rechazara, por cipayo y antipopular. Y no me refiero a “popular” en los términos políticos de las actuales definiciones. Era antipopular porque odiaba el fútbol, escribía cinco o seis páginas en inglés en cualquier parte de un ensayo y se hacía el humilde diciendo “perdone mi ignorancia”. Además, la madre le prohibió, de chico, leer el "Martín Fierro"
A mis 17 años; o eras de Sábato, o eras Borges. Mis amigos lectores y yo, éramos de Don Ernesto Sábato.
Pasó el tiempo y tuve que arrepentirme de no haberlo comenzado a leer antes; cuestiones de cuchilleros, taitas y orilleros fue lo primero que me atrajo, luego algunos poemas… y después el resto.
Mi amigo Carlos Lunardi lo admiraba y recitaba de memoria casi todo “El Títere”, poniendo énfasis en su última estrofa: “Un balazo lo tumbó/En Thames y Triunvirato;/Se mudó a un barrio vecino,/El de la Quinta del Ñato.”
Borges me abrió ventanas, y me las sigue abriendo, toda vez que me falta leer mucho de su obra.
La vida me lo cruzó cenando en un restaurante de la calle Paraguay, de un hermano de mi padre. Iba casi todas las noches con María Kodama.
Se le cruzó por un instante de ilusión a mi esposa, porque cuando jovencita, casi la contratan para leerle al maestro, que ya no veía. 
Allí está Borges hoy, en recuerdos y en una pila de sus libros, sobre una mesita de mi estudio.
Murió el 14 de junio de 1986, en Ginebra, Suiza.

Last modified on Martes, 04 Septiembre 2018 19:52

CORTITO Y AL PIE

 

En la última “Exposición Ganadera”, más precisamente en el Concurso Nacional de Aperos de Uso Tradicional, se generó una discusión por la utilización de un arzón de plata en un lomillo de sogas. Lo que , sostengo, rompe la categoría y la hace difícil de jurar. Y no es que el gaucho no lo usara, de hecho, usaba cualquier cosa que tuviera y si algo era de plata (estribos, cabezada, arzones, etc.) desde ya lo usaba para los días de fiesta, o constantemente si era lo único que tenía o le quedaba cómodo. Eso no quiere decir que esté bien que se use todo mezclado, categorías y épocas, porque la jura se hace imposible. Si un jurado lo permite, rompe el pacto tácito con los demás participantes (no hablaré de reglamento).
Se me dieron ejemplos, justificaciones y datos históricos que agradezco mucho por novedosos para mí, pero no me convencieron. Respetar las categorías y hacerlas respetar (para jurados) debe ser la premisa.

No menciono el nombre del participante por dos motivos; sé que es buena persona, y porque no quiero hacer de esto un problema personal. Es conceptual.
Tan equivocado no estaba yo en mis argumentos, ya que el participante, se presentó en la misma categoría en Pergamino, pero con arzón de suela, como corresponde. El lomillo era inferior al del arzón de plata (dicho por quien corresponde, no por mi apreciación) y ganó con el caballo.
Pero la pregunta es ¿Porqué no volvió a ensillar con el lomillo chapeado?
De eso se trata esta reflexión. De acomodar las cargas en cada ocasión.

Cada uno ajusta su faja como quiere; yo hubiese muerto con la mía.

 

 

 

 

Last modified on Jueves, 23 Agosto 2018 20:43

SOBRE ALGUNAS PILCHAS

 

“Lo poco agrada y lo mucho enfada” decía mi abuela materna, oriunda de León, en España. Y es así en casi todas las cosas. No quiero que me odien talabarteros, tejedores de ponchos y otros artesanos necesarios de la Tradición Gaucha Argentina, pero debemos reconocer entre todos, que hay pilchas que se repiten hasta el hartazgo y sería bueno, que sus propietarios las alternasen en los concursos de aperos.
¿Qué dónde voy?
Bien; una vez escribí en mi columna semanal de la Revista EL FEDERAL, malograda por los hijos de su fundador, lamentablemente, que me parecía que en Palermo, durante la “Exposición Ganadera” , que los caballos del Concurso Nacional de Aperos, deberían presentarse con algo de pelo y no con el extraordinario brillo del pelo de verano, porque es como mentir una situación.
Si ya sé. También se enojaron cuando escribí hace muchos años en el recordado Periódico Mensual EL TRADICIONAL, que las caronas eran cortas, porque todos tomaban las medidas que reprodujo Justo P. Sáenz (h) en “Equitación Gaucha en la pampa y Mesopotamia” pero nadie había tenido en cuenta que el caballo del gaucho era flaco de tanto uso diario. Carlos Lunardi lo comentó y el entonces jurado Olegario V. Andrade pidió en la pista que los caballos no estuvieran de “anca partida” que así no era el caballo del gaucho. Aunque tampoco era de Raza Criolla.
Volviendo a los usos abundantes, por decirlo de alguna manera, también escribí en EL FEDERAL, una nota titulada “En verano, poncho de verano”, porque solemos ver tremendos y pesados, y también hermosos, ponchos pampa en desfiles del mes de diciembre.
No soy un iluminado ni quiero hacer creer eso, solo pido sentido común.
Con respecto al pelo, no me refiero a la desprolijidad de los largos pelos de invierno, en orejas y ranillas incluidas, hablo de… algo de pelo.
Y retomando ahora sí el tema de la pilchas que pululan en abundancia y nadie alterna (sé que si uno tienen una muy buena no la quiere dejar de usar en concurso), me remito a la última vez que mi amigo Juan Carlos Duchini asistió a Palermo (no ensilló) y publicamos en aquel El Tradicional en papel de diario, una foto de Duchini muy sonriente, luciendo sobre los hombros un soberbio poncho de vicuña con un bordado extraordinario.
A partir de allí, se llenaron las pistas de ponchos de vicuña bordados, de toda calidad y aspecto. Y hace mucho ya de esto. Y ya…
No digo que no los usen, pido que los alternen, porque hay gente que ya se sabe con qué va a entrar, y una sorpresa alegra al jurado.
Otra pilcha emblemática del gaucho es el tirador, bien, hay siete mil tiradores bordados, de mucha variedad en belleza, calidad y hasta feos. Y no critico a nadie, pero no tienen por qué estar todos de tirador bordado. ¿Y de tirador de suela negra Finucci? Ese no cambia la ecuación, pero era el más usado, lo que modifica es la rastra y las monedas.
No se enojen, es simplemente lo que he pensado desde hace mucho.

Last modified on Jueves, 23 Agosto 2018 18:52