SE MURIO EL FLACO

27 Septiembre 2014

Salí a caminar rumbo al tambo, donde me cuidan los caballos, a unos tres kilómetros y medio de casa, en Mechita. Crucé para el callejón y vi gente en la puerta de la casa del “Flaco”, saludé levantando la mano, y él me saludó desde adentro con el mismo gesto, sentado al costado de la mesa, no como siempre, porque se lo veía ocupar la cabecera, frente al televisor. Seguí caminando, pasé por el costado del corral donde puse los caballos apenas llegamos al pueblo, hace un poquito más de cuatro años, y ahí caí… se murió el falco.
Enseguida rebobiné y fijé la imagen que había visto, pero ahora en mi memoria; la mujer del Flaco se agarraba la cara junto a dos hombres en la vereda, dos autos en la puerta, y el que me saludó no era él. No se sentaba allí.
Yo lo conocí enfermo, le costaba mucho respirar, en invierno casi no salía a la puerta. Era muy amable, y como el corral que mencioné, estaba junto a su casa, él le ponía la manguera en el tacho para que tuvieran agua. Le encantaba mirarlos y aunque no me lo dijo, le hubiese encantado “volearle la pata” a alguno. Se lo ofrecí, y siempre me decía: “Si, si, algún día se lo pido”.
Apenas nos mudamos mi hijo Martín alquiló un local antiguón para poner su taller de platería y él se apareció enseguida, porque hacía cuchillos con cualquier fierro y él los encababa también. Muy educado y gentil. Muy criollo.
Se murió el Flaco, yo lo saludé…pero no era él.