FIESTA NACIONAL DEL CABALLO DE BRAGADO, ALGUNAS OBSERVACIONES.

Ha pasado una nueva edición de la Fiesta Nacional del Caballo de Bragado, la número 47.
Asistí con mi esposa a la charla del jueves de Guadalupe Gutiérrez Peydro y Patricio Geretto, sobre el rol de la mujer en la historia y las amazonas, toda vez que así se llama a la mujer que monta a caballo.
El viernes temprano partimos para Buenos aires, exactamente al Luna Park, a disfrutar de André Rieu y su orquesta. El eximio violinista holandés que brinda un fantástico espectáculo (lleno total en cada función) junto a sus músicos, sopranos, tenores y el bandoneonista argentino Carlos Bono, oriundo de Los Toldos.
Volvimos esa misma noche para estar presentes, el sábado, en el Concurso de Aperos de Uso Tradicional, Caballos de Trabajo y Conjuntos Representativos, clasificatorio para la final de 2019 que se dirime en la pista de Palermo de la S. R.A.
El día se presentó hermoso, y el Campo “D. Abel Figuerón”, del parque de la laguna, se colmó de público. Creo que nunca he visto tanta gente un sábado de la Fiesta allí.
Se inauguraba en esta oportunidad, el nuevo sistema de clasificación; tres por categoría van a Palermo. Esto evita que haya ausencias en alguna categoría, como solía pasar, deteriorando la fiesta que con tanto trabajo prepara cada organizador. También soluciona el amontonamiento de participantes en la última clasificatoria, recordemos la última de este año en Pergamino. El reglamento permite que aquel que se presentó en una clasificatoria y no entró entre los tres primeros, pueda hacerlo nuevamente. Eso asegura concurrencia de participantes en cada reunión.
Hubo algunos detalles de la jura que no me gustaron, pero como es bastante subjetiva la decisión de los jurados, ya que una vez que los participantes se ven como “correctos”, entra a jugar el gusto –y desde ya el conocimiento- de cada jurado.
El estar compartiendo el gacebo de jurados, asistentes de la S.R.A, animadores, fotógrafos y otros colaboradores, es siempre un gusto.
El momento emotivo lo puso el talentoso Nicolás Membriani. Le pedí, al amigo, que recordara a Carlos Lunardi, quien por primera vez no estuvo presente ya que falleció el pasado 4 de agosto. A Carlitos le gustaba escucharlo a Nico payar por habanera, como lo hacía nuestro común amigo Víctor Di Santo. Desde ya que accedió inmediatamente, provocando la congoja de quienes fuimos sus amigos y también de quienes sin serlo, disfrutaron de su presencia ilustre.
Durante la jura, Nicolás pidió varias veces que bajaran el volúmen de un parlante cercano, que desde una carpa emanaba la nefasta cumbia villera a todo volumen. Las autoridades de la fiesta que estaban presentes no hicieron nada. Otra situación molesta se vivió cuando la Banda de la Policía de la Provincia comenzó a tocar junto al campo, perjudicando el trabajo del animador, los jurados y los músicos. Otra falla organizativa.
El domingo estuve un rato en el desfile. Numeroso, pero faltaron agrupaciones importantes.
Paz Martínez, Indio Rojas y Los Tekis, tema aparte: "Fiesta del Caballo"...

¿QUIÉN FUE EL PADRE GRENÓN?

Suelo decir, un poco en broma, un poco en serio, que el Padre Jesuita Pedro Grenón, le salvó el libro a Justo P. Sáenz (h). Me refiero claro, a “Equitación gaucha en la pampa y Mesopotamia” aparecido en 1942, editado por Editorial Peuser, del que por fortuna tengo un ejemplar.
Por suerte también, fue editado en “rústica” por Emecé en 1997 y por Letemendia Casa Editora, en muy buena presentación, en 2011. Acaso sea esta obra la primera que divulgó cuestiones de pilchas y formas de equitar y ensillar del gaucho.
Pero no quiero ocuparme de “Equitación gaucha…” sobre el que ya he escrito en mi libro “Todos somos gauchos” (Letemendia 2012).
Voy a ocuparme del Padre Grenón, para que conozcamos a quién ha aportado tantos datos con su tarea investigativa y su profusa escritura.
El Padre Pedro Grenón, sacerdote jesuita, nació en Esperanza, en la provincia de Santa Fe, el 26 de Julio de 1878. Inició sus estudios primarios en la escuela de su pueblo natal, ingresando luego en el Seminario del Colegio de la Inmaculada de la ciudad de Santa Fe.
Es bueno aclarar su fecha de nacimiento porque a veces se confunde su época de actividad literaria, con la de los documentos hallados por él, en el siglo XVI en los Archivos de los Tribunales de Córdoba y otros lugares de la región.
En 1888 ingresó en el noviciado de la Orden Jesuítica en la ciudad de Córdoba. Completando su formación en Letras, Filosofía y Teología en España.
Se ordenó de Sacerdote Jesuita (S.J.) el 26 de Julio de 1911.
De regreso a Córdoba sus superiores le encargaron historiar todo lo referente a la Orden, fue fundador de la Academia de Historia de Córdoba, miembro de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, miembro de la Junta Provincial de Historia, vocal del Congreso Argentino del Norte y Centro, consejero de la Primera Semana de la Historia de Córdoba, presidente de la Comisión de Nomenclador de Calles y Monumentos de Córdoba, delegado al Centenario de la fundación de Villa Dolores y premiado por su "Historia de Laguna Larga".
Los datos más apreciados por Sáenz (h), sobre aperos y otros detalles, están tomados de “Propiedad y antigüedad de nuestra nomenclatura pecuaria, en Hípica Histórica” y archivos judiciales, como testamentos y actas de defunción.
En el año 1973 donó a la Municipalidad de Córdoba toda su producción literaria e histórica.
Falleció en la Clínica Reina Fabiola el 3 de Abril de 1974.

CACIQUE O LONKO, PORTERO O ENCARGADO

Muchas cosas se leen en Twitter. Mucha información emana de periodistas, a veces preparados para afrontar algunos temas, a veces no.
Esto comenzó siendo un tuit, pero me quedó largo.

No hay libro de historia que los llame "lonkos" a los que durante siglos fueron "caciques". Pero desde que la Sra. Fernández los "empoderó" (para usarlos), sienten el mismo rechazo que cuando a un "encargado" le decís "portero".
Carlos Martínez Sarasola, ultra indigenista autor del conocido “Nuestros paisanos los indios” editado en 1992, habla de “la institución del cacicazgo” y del “cacicazgo hereditario” cuando habla del “Cambio cultural en la llanura” y “El comienzo de la araucanización de la pampa”.
También menciona el término “cacique” cuando habla de los aborígenes del Norte. Y comienza más de un párrafo diciendo: “Los araucanos o mapuches…”
Ha sido todo una farsa, un invento moderno de conveniencia. El kirchnerismo les dio lo que no les costaba nada; la autodenominación de “mapuches” y que los “caciques” sean “lonkos”, con esto solo, los “incluyeron”, porque nada más les dieron. Algunas tierras, algunas dádivas.
Ahora estamos sufriendo vandalismo y terrorismo de parte de gente que con solo sentirse mapuche, ya va y se anota como tal. Una payasada institucionalizada que a este gobierno no parece molestarle.
Repito; lean y relean nuestra historia, no solo la de la Conquista del Desierto, si creen que es parcial. Lean la historia desde la Conquista Española, aunque no les guste como suena; nos dieron el idioma, la religión, la cultura y la forma de equitar. Pero pueden odiar esa Conquista, porque como dijo Eduardo Matías de la Cruz (historiados y procurador de la corte, ya fallecido): “A nosotros nos enseñaron a avergonzarnos de la Conquista Española”, aún, a los que jamás han leído nada.

Los mapuches no existen en nuestro territorio, no hay libro de historiador serio que los mencione como tales, son araucanos descendientes de chilenos. Como “mapuches” son una construcción política, que absorvió Sarasola en parte, que nos llevó hasta el “hippie” Maldonado y el dinero que nos costó y cuesta cada mes.

 

UN MES SIN LUNARDI

Hace un mes, o mejor, esta noche, antes de apagar la luz de mi estudio, hará un mes que agarré el libro “Efemérides Culturales Argentina”, único bien material que me dejara el Profesor Jaime González Polero, y anoté con birome, bajo la última efeméride correspondiente al 4 de agosto: “2018 Falleció Carlos Emilio Lunardi a las 5 hs. en el Hospital Italiano. CABA”.
Hace un mes que estamos sin Carlitos. A mi me falta mucho más que un maestro, mucho más que un amigo, casi mi padre, como dije infinidad de veces, incluso en público, a pesar de que parecía incomodarse. Pero yo lo siento así.
En un homenaje que le hiciéramos hace mucho en la vieja “Cantina de David” en Buenos Aires, lugar que a él le encantaba, al momento del brindis y con los más de treinta asistentes al mismo, de pié, copa en mano, fue recorriendo de izquierda a derecha a cada uno con la mirada, diciendo lo que significaba que estuvieran allí no sin hacer una breve semblanza de ellos.
Cuando llegó a Luciano, su hijo, se le llenaron los ojos de lágrimas y solo pudo decir: “Lu es mi hijo, que diría…” pero cuando llegó a mí, dijo: “Raúl viene después de Luciano”.
Yo lo intuía, y esa vez lo dijo.
No escribo esto para darme importancia ni para que nadie crea que soy su natural sucesor. No lo tiene. Carlitos fue único. Su conocimiento, su trascendencia y su sentido común, además de un carácter muy especial, lo convirtieron en uno de los más importantes hombres del Movimiento Tradicionalista de las últimas décadas.
No quería escribir una sarta de elogios inconexos, quería escribir hoy un recordatorio que reflejara exactamente mi sentimiento.
Tal vez algunos piensen que se murió un tradicionalista como tantos que se han ido. Se equivocan. Carlos era maestro por naturaleza, nunca dejaba de enseñar, a propios y extraños.
Claro que a quienes lo miraban de costado, les enseñaba a fuer de enviarles alguna ironía, pero era su carácter, su forma de ser. Con los amigos era una fuente constante de anécdotas graciosas.
Por eso siempre será recordado en las reuniones de los tradicionalistas; en los asados, en los fogones, porque todos tienen un “sucedido” de Carlitos, que desean contar para reírse nuevamente con él.
Mañana 5 de septiembre, hará un año más (24) que falleció el Dr. Ezio Finucci, mi padre. Lo recuerdo constantemente, incluso al finalizar cada uno de mis programas, con su frase: “Vos hacé las cosas bién, los demás que hagan lo que quieran”.
¡Que dos viejos tengo encima…!