Mi tarea de siempre, algunos cambios y conclusiones

Mi tarea de siempre, algunos cambios y conclusiones...

Siempre me he considerado un divulgador de las cuestiones del gaucho, ya sea a través de la gráfica –mi primer amor- la radio y hoy las redes sociales.

Siempre he mencionado los libros de donde he sacado los datos y todo lo que cuento, nunca he escondido nada, no creo que sirva. No me sirve a mi.

Tratando de utilizar todos los medios, he comenzado hace poco a transitar Instagram. A través de esa herramienta, reproduzco párrafos de autores valiosos, muestro a Borges cercano al gaucho y desde ya al cuchillero de las orillas de Buenos Aires y rcomiendo libros, incluso a través de pequeños videos.  A propósito, mi cuenta es @rauloscarfinucci

Esta tarea, como dijera en uno de los videos de marras, me ha llevado a releer algunos libros, o partes de ellos, incluso por tercera o cuarta vez, para hacer un breve resúmen y subirlo.

Releía a Richard W. Slatta, en su libro “El gaucho y el ocaso de la frontera”, edición de Editorial Sudamericana de 1985, con una linda tapa ilustrada por “Tito” Saubidet. Una importante investigación de este historiador estadounidense. Allí decía: “La abundancia de las cosas necesarias de la vida alienta, entre las clases inferiores, una propensión al ocio, lo cual ha dado origen a otra clase de vagabundos llamados gauderios” (Banda Oriental) que  fueron anteriores al gaucho, tal cual lo conocemos hoy.  Bruno de Zabala “gente que vive como quieren, sin saber donde viven o de qué se alimentan, porque no trabajan”.

Y como un párrafo lleva a otro libro, busqué en mi biblioteca “La ciudad indiana” de  Juan Agustín García, editado por Hyspanoamérica  en 1986. García es autor de las palabras que referí anteriormente: “la abundancia de la cosas necesarias…”, como causante de vagancia. Aquí, en el Río de la Plata, la gente pescaba a caballo y mendigaba  a caballo, cosas impensadas en Europa y que tanto llamaron la atención de los viajeros. 

Su libro comienza con la fundación de la primera Buenos Aires en 1536, por Pedro de Mendoza, rápidamente abandonada en 1541, pero dejando lo que él llama “el gérmen de su fortuna”, agunos caballos y vacas.

Cuarenta años después, nos recurda García, la Pampa estaba llena de animales: “una pródiga riqueza de fácil explotación y con poco trabajo, de resultado seguro”. Garay fundó entonces  Nuestra Señora de Buenos Aires. Esta vez la ciudad vivirá para siempre, porque bien dicho está, que “tenía sus tesoros, tan ricos como los de Perú y México”. La vida fácil de la alimentación abundante.

Explica esto dos cosas, la primera, es porqué el hombre de nuestra campaña trabajaba solamente de a caballo y se negaba a los trabajos de a pie, por ello fue reconocida por oficiales ingleses, su destreza y capacidad para el trabajo con la hacienda y su utilidad para cualquier ejército de caballería, también por su valor. Desde los tiempos, el trabajo seguro en el campo, fue la ganadería.