EL ESTRIBO, ESCALÓN DEL GAUCHO (Parte II)

18 Abril 2018

por Raúl Oscar Finucci

 

(Nota que fuera publicada en tapa revista El Federal)

 

Fotografía de Javier A. Melo - 

 

 

Leyendo, no sin dificultad, la letra chica de las “llamadas” del libro “El Estribo” de Roberto M. Devincenzi, editado en 2001, encuentro: “…existe constancia documental, que ya en el siglo XVI se confeccionaban monturas en Chile, y en el siglo XVII, era conocido en Melipilla el obraje de Bartolomé de Jorquera que fabricaba diversas clases de aperos”.


Vemos también que el R.P. Guillermo Furlong Cardiff menciona que en ciudades tan precarias como lo fue Santa Fe la Vieja desde su fundación en 1573 se ve: “La enorme variedad y caprichosidades artísticas de los bocados (frenos), estribos y otros objetos análogos, durante el siglo XVI y comienzos del XVII.
Los primeros antecedentes en herrería se remontan a 1595 cuando se realizaban “sillas jinetas con cruces de hierro, estribos de hierro, hierro de silla alta para mujer”. Estos artesanos eran Alonso de Plaza, Juan Quisma (indio peruano, carpintero y herrero), Lázaro Morales y Juan Coba.
Cuando la transcripción nos dice “con cruces de hierro”, puede referir también a los estribos en “cruz”, también llamados “mitras”, por su semejanza a la mitra papal. SE dice que los utilizaron algunos religiosos durante la conquista y que su origen sería centroamerocano.
El término “estribero” es hallado por primera vez en 1760.
Devincenzi escribe que: “En 1776, por orden del Gobernador Vértiz, se confeccionó un padrón de los oficios de artes mecánicas para cobrarles derecho de alcabala en las ventas y cambios privados”. Recordemos que Vértiz fue Gobernador y capitán general del Río de la Plata entre 1770 y 1776, y Virrey entre 1778 y 1783. Había nacido en México y favoreció, durante su gestión, el desarrollo de la cultura. La cuestión que igual igual les cobraba a los artesanos, porque la mencionada “alcabala”, no era más que un tributo del tanto por ciento del precio que pagaba al fisco el vendedor. Y esto en 1776… ¿de qué os quejáis?
Bien dicho está que “los ocho siglos de presencia árabe en España, con sus implicancias socioculturales, constituyen la irrupción de una tradición y una cultura ecuestre que, fusionadas con la española, luego la conquista introdujo en América”.
¿Dónde encontraremos el origen de nuestros estribos?, si dudas, por lo antedicho, en el estribo de hierro de origen árabe “de anchos brazos y holgado platal, cuyo uso se remonta al siglo XII.
Este estribo se ve con sus laterales triangulares, y el pie se apoya en su totalidad en una plancha de hierro semi curvada, como son los estribos que utilizan aún hoy los rejoneadores, cultores de la usanza vaquera.
Los españoles, según el bastamente citado José Antonio de Balenchana, los españoles utilizaron el estribo de “medio celemín”, que era una caja en la que cabía esa medida en cereales.
Balenchana escribe: “… eran de hierro para la guerra y para torear, y de madera para el campo. Encerrado el pie dentro de ellos, quedaba perfectamente resguardado, así de las lanzadas del enemigo como de los cuernos del toro, y en el campo, de las jaras en las monterías, y del agua y el viento y el lodo, que tanto molestan al jinete en la cruda estación del invierno”.

El indio
Siempre hemos sostenido que el indio llegó al caballo antes que el gaucho. Primero “saltaba el caballo”, y montaba en pelo y sin estribos. Luego, cuando pudo hacerse de algún caballo del conquistador, encontró la comodidad de ese elemento extraño que pendía de los costados del caballo.
Trató de imitar el estribo español, haciendo un agujero en una madera, por donde pasaba el dedo gordo; más tarde construyó uno “de palo”, sujetando una madera con tientos que formaban un triángulo.
Es cierto que la fantasía de algunos artistas e historiadores de aquellas épocas, refería siempre a que el indio montaba absolutamente en pelo y sin estribos. Esto no era cierto; desde que lo descubrió, encontró diversas formas de construirlo.
El famoso estribo “pampa”, realizado en tientos que forman dos rulos donde se apoyan los dedos y la estribera queda entre ellos, o el de hueso vacuno, o de pichico de carnero, son una clara demostración de lo referido.
Las mujeres indias, conocidas como “chinas”, se dice utilizaban el estribo “faja”, que consistía en colocarle una faja tejida por ellas, al caballo pendiente del cuello hasta abajo del encuentro, cosida o anudada, como para poner el pie allí y montar sin problemas.
Pero el estribo “faja”, parece ser del siglo XIX. Anteriormente, ponían en el cuello del yeguarizo, un cordón (de la misma manera que la faja), de un dedo de ancho, en dos o tres vueltas, teñido de rojo o azul.

El gaucho
Nuestro hombre de la campaña, el gaucho, utilizó también la costumbre de estribar “entre los dedos” (como las antiguas tribus tártaras de Gengis Khan en el siglo XIII), aún con estribos de hierro o de plata; también poniendo solo tres dedos dentro del estribo (descalzos o con botas de potro), ya que eran de entrada pequeña.
Tanto él como el indio, cuando usaban un estribo como los mencionados, dejaban que el arco del estribo les quedara entre los dedos, como una ojota, tanto que el capitán Andews, viajero inglés antó en sus apuntes: “Este dedo (el grande) es la sola parte del pie que el gaucho apoya en el estribo… A consecuencia de este uso, el dedo grande sobresale de los demás de manera disforme, y es de dimensiones desusadas en anchura”. También estribaban “entre los dedos”, dejando largo el estribo y apoyando su pie sobre el ojo de éste (donde pasa la estribera), quedándole por sobre el estribo y la estribera entre los dedos.
Muchos gauchos no utilizaban el estribo, o solo le daba uso al del lado de montar, luego dejándolo suelto o recogiéndolo debajo del cojinillo.
Justo P. Sáenz (h), investigador de culto, para utilizar un término moderno, dice también que el estribo del gaucho tenía una característica común: “su capacidad limitada exclusivamente a la punta del pie”.
Los estribos, del gaucho de los orígenes, aquel del Río de la Plata y que lugo se extendiera por todo el país, utilizó, según Sáenz: “Desde el porteño clásico de arco de pura plata cincelada o repujada, el de brasero – porque afectaba la forma de éste adminículo- de idéntico material, a los de búfalo y plata, más moderno, y la serie, aún en uso, de suelas superpuestas y madera, o los ya desaparecidos de asta de carnero, y varios otros que ya mencionaré, fueron de su propia incumbencia”.
El estribo de arco que menciona el autor consultado, se puede ver en un famoso cuadro de Velázquez titulado “Felipe IV, rey de España”, fechado en 1635. Pero la iconografía existente tiene una muy representativa obra en el cuadro de Emeric Essex Vidal realizado en 1818, en el que se ve a dos indios en una esquina sin ochava, en la que se observan dentro del local, unos estribos colgados, parecidos a los que se pueden ver ahora, junto, como dice Sáenz: “…amplios estribos de argolla de hierro o madera”.
Pero estribos “Braseros de hierro también se fabricaban, y muy artísticos por cierto, siendo su más frecuente formato, uno de reducida ´campana´, calada y con los bordes de la misma campana cribados, esto es terminado en pequeños picos”, nos dice el testimonio.
Digamos que “cribado” es el trabajo de cruce de hilos y nudos, del calzoncillo que usaba el gaucho, formándose agujeros. Por eso la referencia; y con respecto a los picos en la parte inferior, es lo que hace que se llamen “de piquería”.
Muchas son las formas de estribo que fueron incorporándose al apero del gaucho, incluso, según las zonas del país que queramos referir. En Córdoba eran muy utilizados los “trompa de chancho” de madera (también los había en Francia), o de “capacho”. En los esteros se utilizaban simples, de hierro, para que no se pudran con el agua, y muchas variantes más a lo largo de nuestro territorio.


Una exquisitez
(libro el apero foto pág.17)

En el libro “El Apero Arte y Tradición”, editado por Vega&Eguiguren, encontramos un distinguido (esa debe ser la definición exacta para esta pieza) estribo porteño, con una riquísima labor de orfebrería. Realizado en plata cincelada con aplicaciones de oro.
Este trabajo pertenece al artesano Dámaso Arce, un español de la región de León radicado en Olavarría, en la provincia de Buenos Aires.
Nació el 11 de diciembre de 1879 y murió en 1942.
Tuvo su propio taller en 1898, dedicándose absolutamente a la orfebrería rural, especializándose en arreos para caballos, como el estribo que vemos.
En 1914 tenía una joyería en la calle Vicente López 383 de la ciudad que lo cobijó.

EL BLOG

    CORTITO Y AL PIE
    • Lunes, 18 Junio 2018

    En la última “Exposición Ganadera”, más precisamente en el Concurso Nacional de Aperos de Uso Tradicional, se generó una discusión por la utilización de un arzón de plata en un lomillo de sogas. Lo que , sostengo, rompe la categoría y la hace difícil de jurar. Y no es que el gaucho no lo usara, de hecho, usaba cualquier cosa que tuviera y si algo era de plata (estribos, cabezada, arzones, etc.) desde ya lo usaba para los días de fiesta, o constantemente si era lo único que tenía o le quedaba cómodo. Eso no quiere decir que esté bien que se use todo mezclado, categorías y épocas, porque la jura se hace imposible. Si un jurado lo permite, rompe el pacto tácito con los demás participantes (no hablaré de reglamento).
    Se me dieron ejemplos, justificaciones y datos históricos que agradezco mucho por novedosos para mí, pero no me convencieron. Respetar las categorías y hacerlas respetar (para jurados) debe ser la premisa.

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    SOBRE ALGUNAS PILCHAS
    • Martes, 17 Abril 2018

    “Lo poco agrada y lo mucho enfada” decía mi abuela materna, oriunda de León, en España. Y es así en casi todas las cosas. No quiero que me odien talabarteros, tejedores de ponchos y otros artesanos necesarios de la Tradición Gaucha Argentina, pero debemos reconocer entre todos, que hay pilchas que se repiten hasta el hartazgo y sería bueno, que sus propietarios las alternasen en los concursos de aperos.
    ¿Qué dónde voy?
    Bien; una vez escribí en mi columna semanal de la Revista EL FEDERAL, malograda por los hijos de su fundador, lamentablemente, que me parecía que en Palermo, durante la “Exposición Ganadera” , que los caballos del Concurso Nacional de Aperos, deberían presentarse con algo de pelo y no con el extraordinario brillo del pelo de verano, porque es como mentir una situación.
    Si ya sé. También se enojaron cuando escribí hace muchos años en el recordado Periódico Mensual EL TRADICIONAL, que las caronas eran cortas, porque todos tomaban las medidas que reprodujo Justo P. Sáenz (h) en “Equitación Gaucha en la pampa y Mesopotamia” pero nadie había tenido en cuenta que el caballo del gaucho era flaco de tanto uso diario. Carlos Lunardi lo comentó y el entonces jurado Olegario V. Andrade pidió en la pista que los caballos no estuvieran de “anca partida” que así no era el caballo del gaucho. Aunque tampoco era de Raza Criolla.
    Volviendo a los usos abundantes, por decirlo de alguna manera, también escribí en EL FEDERAL, una nota titulada “En verano, poncho de verano”, porque solemos ver tremendos y pesados, y también hermosos, ponchos pampa en desfiles del mes de diciembre.
    No soy un iluminado ni quiero hacer creer eso, solo pido sentido común.
    Con respecto al pelo, no me refiero a la desprolijidad de los largos pelos de invierno, en orejas y ranillas incluidas, hablo de… algo de pelo.
    Y retomando ahora sí el tema de la pilchas que pululan en abundancia y nadie alterna (sé que si uno tienen una muy buena no la quiere dejar de usar en concurso), me remito a la última vez que mi amigo Juan Carlos Duchini asistió a Palermo (no ensilló) y publicamos en aquel El Tradicional en papel de diario, una foto de Duchini muy sonriente, luciendo sobre los hombros un soberbio poncho de vicuña con un bordado extraordinario.
    A partir de allí, se llenaron las pistas de ponchos de vicuña bordados, de toda calidad y aspecto. Y hace mucho ya de esto. Y ya…
    No digo que no los usen, pido que los alternen, porque hay gente que ya se sabe con qué va a entrar, y una sorpresa alegra al jurado.
    Otra pilcha emblemática del gaucho es el tirador, bien, hay siete mil tiradores bordados, de mucha variedad en belleza, calidad y hasta feos. Y no critico a nadie, pero no tienen por qué estar todos de tirador bordado. ¿Y de tirador de suela negra Finucci? Ese no cambia la ecuación, pero era el más usado, lo que modifica es la rastra y las monedas.
    No se enojen, es simplemente lo que he pensado desde hace mucho.

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