Estuvimos “pisando” y viviendo la historia en un lugar maravilloso y con un grupo humano extraordinario.

05 Marzo 2014

Estancia "San Carlos", Luan Toro, Provincia de La Pampa.

Por Raúl Oscar Finucci
Fotografía: Agustín Lorences
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Trabajamos mucho para esta cabalgata, saben ustedes que desde EL TRADICIONAL habíamos organizado aquella memorable y recordada “De los seis boliches” (2001) en Plomer, partido de Gral. Las Heras, donde más de cien jinetes y un par de carruajes  recorrieron la historia de pequeñitos pueblos y parajes donde solo había una escuela y un boliche. Fue maravilloso. 


Luego hicimos la “Cabalgata a la Hacienda de Figueroa” donde Rosas se despidió de Quiroga en su fatídico viaje al Norte.  Allí también, más de ciento veinte jinetes y un par de carruajes “pisaron” la historia de nuestra patria, y hablamos de ello, y lo vimos.
En esta oportunidad, y después de muchos años, un amigo, Miguel  Angel Montero, nos presenta a un matrimonio fantástico como María Angélica y Carlos Lorences, propietarios de la Estancia “San Carlos”, y allí fuimos a disfrutar de unos días y de ello salió la idea de reflotar las cabalgatas.

 
De hecho en “San Carlos” se hacen cabalgatas pero ésta tenía un gustito distinto; hablaríamos mucho de historia y trataríamos de “mover” al tradicionalismo de Buenos Aires y alrededores para que conozca los montes de caldenes y “pise” las rastrilladas por donde los ranqueles entraban y salían de los malones con cientos de cabezas de ganado, cautivas, botines de guerra y un rastro de muerte y desolación, como así también el lugar donde el Cacique Ramón “Platero” Cabral, tenía los toldos de su parcialidad; un lugar fantástico llamado “La Palangana”, en el centro de médanos “vivos” y un paisaje extraordinario.

Allí estuvimos el viernes 28 de febrero con mi esposa Daniela y mi hija Josefina.
Había mucho trabajo realizado en la estancia. Yo había estado hacía unos quince días cuando fuimos a Victorica a presentar mi libro “Todos somos gauchos” y había mucho por hacer… y mucho se hizo.
Recorrimos todos los lugares donde se almorzaría o cenaría y el campamento “a cielo abierto” donde pasaríamos una de las noches. Allí todo estaba preparado. Se había desmalezado una parte del monte y Carlitos y su hijo Agustín (quien tomó las fotografías) cortaron troncos de caldén para que sirvieran de banquitos.
El estanque donde nos pegaríamos un chapuzón fue limpiado por dentro y pintado; se dividieron corrales y se acomodaron tranqueras. Muchísimo trabajo y expectativa.
Cada uno desde su lugar trabajó a destajo; ellos en el campo (incansables), Miguel Montero apoyando todo desde el Grupo asegurador “La Segunda” de Santa Rosa, no solo con su patrocinio sino también poniendo el alma, y nosotros en la organización, difusión y atención a muchísima gente que nos consultó y que finalmente por distintos motivos no pudo viajar. Sorprendería la lista de preinscriptos, pero es cierto que el fin de año fue turbulento para la economía y no ayudó a nadie.
El viernes nos fuimos a dormir ansiosos, por la mañana temprano llegarían los primeros jinetes decididos a transitar la historia.

Sábado 1 de marzo

A las ocho recibí un llamado en mi celular, era Rodolfo Veiga anunciándome que tres personas llegarías a eso de las diez a la tranquera de “San Carlos” provenientes de Santa Rosa ya que habían viajado desde Buenos Aires hasta allí en micro y una combi los llevaría a su destino.
Una vez recibido el llamado confirmando su presencia en el camino de acceso, fuimos en la camioneta de Miguel a buscarlos; era un matrimonio de Capital, que ya había realizado el cruce de la Cordillera de Los Andes y Tideo Elsiri “El Lechero de Bernal”, un hombre extraordinario de 77 años que se ganó el cariño de todos.
Apenas llegados al casco, le mostramos la matera, hecha en el viejo galpón de esquila de la estancia y el galpón donde pasarían la primera y la última noche. Galpón que estaba impecablemente limpio y hasta tenía, contra las paredes, unos banquitos para que oficiaran de mesas de luz, cuando tendieran sus recados o su colchonetas, ya que esa era la premisa; “cada uno con lo suyo”.
Después les mostramos los baños y las duchas, todo preparado y listo. El matrimonio y Tideo, anduvieron caminando, tomando mate con nosotros y charlando bastante porque por la tarde llegaría el resto de los participantes.
Llegó primero Cristian Uboldi de Ramallo y después llegaron Pablo y Aureliano García Calvo, de Areco y Lincoln respectivamente.
Después llegaron Guillermo Bracco, con su hija Valentina y su hermana Cristina; Omar Nieto y su mujer Andrea; santos y Gastón Martínez; Pablo Módena; Angélica quien llegó sola en su auto cuando amenazaba tormenta y finalmente se unieron las personas que venían de localidades cercanas, incluso quienes vieron a trabajar; el “Ruso” y el “Mozo”, dos tipos extraordinarios. Bajados los caballos de la jaula que llegaba de Bragado y acomodados los caballos en distintos corrales, cada uno se puso a acomodar sus cosas, después de llevar unos fardos para que los tungos comieran. Por la noche nos juntamos todos en la matera dispuestos a comer una intensa picada y luego unos excelentes bifes a la criolla hechos por Agustín con manos mágicas. Exquisitos.
Luego de comentar lo que haríamos al otro día y de haber soportado un chaparrón, escuchamos unas milongas y otros ritmos gracias a la gentileza de Omar Nieto, conocido amigo de Rawson, que participa en los concursos de Palermo organizados por la Sociedad Rural Argentina, como Guillermo, Cristina y Andrea.
A eso de la una de la madrugada todos nos fuimos a dormir porque a la mañana temprano había que ensillar para partir rumbo a las Huellas del Ranquel.

Domingo 2 de marzo

El día amaneció con una terrible neblina y frío, fuimos a los corrales a buscar los caballos. Yo no había llevado el mío ya que en la estancia hay de sobra y Carlitos me dio un gateado llamado “Rayo”. En el corral de caldenes los caballos se revolvían inquietos y Cristian me ayudó a arrinconar al que sería mi montado y así le pasé el cabresteo por el pescuezo y embozalarlo. No estaba fácil la cosa, porque hacía frío y a los tungos no les gusta que los ensillen y además, todos se ponen nerviosos antes de una cabalgata porque perciben que algo raro va a pasar y no saben qué.
Cristian agarró el caballo que le asignaron y mientras otros trataban de cortarle el galope en redondo a los más rebeldes, nos fuimos a ensillar.
Fuimos hasta la matera pero me alejé un poquito de los palenques para que el amontonamiento no pusiera peor las cosas.
Le puse la manea al gateado, que se quedó quietito, y lo ensillé tranquilo porque recién llegaban otros a los que sus caballos los habían hecho entrar en calor. Algún percance de salida que nunca deja de pasar, nos atrasó un poquito la partida. El caballo del sulky hinchó el lomo y quiso corcovear pero Tideo con baquía lo sacó adelante. Norma, la mujer de Rodolfo, acompañó a Tideo ya que se asustó un poquito de ver algún revuelo en los palenques; como cuando se cortó una estribera y el lobuno de Pablo se asustó inquietando a todos, pero sin consecuencias. Cosas que pasan.
Antes de la partida todos rodeamos el mástil donde todo el año flamea la Enseña Patria y cantando el Himno Nacional vimos como Valentina Bracco, la más pequeña del grupo izaba el pabellón.
Todos cantamos, los montados y los que se quedaban. Fue muy emocionante.

La partida

Entre la niebla nos fuimos metiendo en el camino que entra al monte, rumbo a los médanos donde estuvieron los toldos ranqueles y donde nos esperaban algunas sorpresas, de las cuales solo una estaba organizada.
Fue maravilloso ver todo eso, y como José Rafael Hernández, le hizo decir a Martín Fierro:

Ricuerdo… ¡qué maravilla!
Cómo andaba la gauchada,
Siempre alegre y bien montada…”


 La próxima semana les ofreceremos la segunda parte de lo sucedido en esta cabalgata y más fotografías.