LA FILIACIÓN DE JOSE DE SAN MARTIN Y EL ADN A SUS RESTOS

27 Julio 2017

La presente nota fue escrita para EL TRADICIONAL por el Dr. Diego Ignacio Sarcona; Abogado, investigador y Asesor del Ministerio de Cultura de la Nación en la presente cuestión.

 

Los pasados días, la justicia nacional en lo civil revocó en segunda instancia un fallo, sosteniendo que la familia Alvear no tenía derecho a iniciar un proceso para solicitar que se declare su vinculación de sangre con José de San Martín. Este juicio, incluía entre otras medidas, la realización de una prueba genética de ADN sobre los restos del prócer.
Los derechos que invocaban solo una minúscula parte de la familia Alvear eran el derecho a la identidad de origen y a la verdad. Respecto al primero la Cámara sostuvo que no estaba afectada la identidad de origen por lo remoto del vínculo sanguíneo que pretendían aclarar -séptima generación en grado colateral-, el que tendría sentido si fuera respecto a la certeza de su propio origen Alvear o si algún descendiente de San Martín hiciera el planteo. El tribunal tampoco hizo lugar al invocado derecho a la verdad al entender, con fundamento en fallos de la Corte Suprema e Interamericana, que sólo se aplica para casos de violaciones de derechos humanos o de lesa humanidad. Finalmente, entendieron los jueces que no existe el llamado “caso” o interés jurídico afectado, por lo que este tema debe discutirse en un ámbito académico, a riesgo de convertir la labor de los jueces en una suerte de revisionismo histórico.
Todo este planteo judicial está fundado en una hipótesis e investigación elaborada por Hugo Chumbita, que fuera rechazada en varias oportunidades en distintos ámbitos de la administración y académicos –por los argumentos por mi presentados- y que sostiene que José de San Martín sería hijo de Diego de Alvear y una indígena guaraní, encomendado al nacer a quienes históricamente se reconoce como padres, Juan de San Martín y Gregoria Matorras, todo ello basado en la tradición oral de la familia Alvear y de las zonas aledañas a Yapeyú.
En todas aquellas oportunidades demostré acabadamente la falta de coincidencia espacio temporal entre Diego de Alvear y los San Martín, ya que el primero llegó a las Misiones para cumplir una comisión geográfica recién en el año 1784, no pudiendo entregar a esa familia el recién nacido como sostiene la hipótesis, ya que Jose Francisco que había venido al mundo en 1778, tenía seis años y se encontraba en Europa con toda su familia.
Además de este escollo insalvable, demostré años después la manipulación de argumentos y el abuso de una fuente oral familiar para reconstruir circunstancias y hechos no corroborables con ningún documento, los que, se sostiene, fueron quemados por la misma familia por orden del Presidente Marcelo T. de Alvear. También demostré la inexistencia de alguna documentación respecto a una relación que hubiera tenido Diego de Alvear con una indígena y mucho menos que se haya interesado por el destino de aquella aborigen y de la supuesta criatura de quien observaba de los guaraníes “las pasiones tan apagadas del alma, la poquedad de su espíritu….la ninguna emulación por la gloria y por ultimo la cortedad de sus luces y materialismo de su entendimiento, que nada comprende y todo lo imita” (propias palabras de Diego de Alvear extraídas de su Crónica del viaje), expresiones que se ajustan más bien a una realidad marcada por el sometimiento, muchas veces sexual, y el etnocentrismo.
Frente a esta orfandad probatoria, se le oponen gran cantidad de documentos auténticos y protocolizados como la fe de bautismo transcripta por un sacerdote, el certificado de defunción, el certificado de sepultura, el testamento de Gregoria Matorras, el acta de casamiento con Remedios, la solicitud de ingreso al Regimiento de Murcia, la exposición de los vecinos más antiguos de Yapeyú que consta en acta labrada ante el juez de paz de 1899 y hasta el pedido del propio San Martin de que dirijan su correspondencia al apellido Matorras para evitar la misma sea abierta, etc.. Todos ellos mencionan a Juan y Gregoria como sus padres.
Respecto a la realización de una prueba genética, la ciencia avanza a pasos agigantados pero hay especialistas que advierten que la posibilidad de obtener de los restos de San Martín alguna prueba contrastable es muy remota, porque esos restos sufrieron un trajín muy importante. Once años en la catacumba de la Catedral de Boulogne Sur-Mer, veinte en la bóveda de la familia Balcarce en Brunoy, en condiciones extremas, a tal punto que cuando se va a buscar sus restos en 1880 para repatriarlos debió colocarse el féretro que estaba en un estado deplorable en uno de mayor tamaño. Suponiendo pues que se extraiga un marcador genético que pueda ser contrastable, la cuestión es con qué se la contrastaría. Existe depositada una muestra de sangre de la familia Alvear, de uno de los peticionantes, y aunque nadie ha reparado en legitimar esa muestra, es decir si tiene los mismos marcadores genéticos que la sangre de don Diego de Alvear, la lejanía de ese grado de parentesco pretendido (séptima generación no directa sino colateral), hace que en vez de certezas, que es lo que está pidiendo la familia, se generen muchas más incertidumbres. De otra manera podríamos encontrarnos con otro caso Holgado, la falsa hija de Perón que convenció a la opinión pública y a la justicia de que lo era, avanzando en una prueba científica que dio negativo.
Según Chumbita el origen mestizo “abriría una nueva perspectiva para resignificar la impronta del compromiso del general San Martín” como si su legado cambiara su sentido por la determinación de su origen. Esta afirmación contiene una falacia insuperable que pretende modificar, a partir de una superflua interpretación, el origen americano del prócer. San Martín era criollo. Su origen está estrechamente vinculado a este continente por haber sido su cuna y por su destacado papel en la lucha por la libertad hispanoamericana. No es pues ni más ni menos americano en uno u otro caso. La admiración que sentimos por su obra no se modificará. Y esto porque San Martín nació, se sintió siempre ciudadano de este continente, luchó por su libertad y expresó sus deseos de descansar en paz.