PRILIADIANO PUEYRREDÓN...PARA QUÉ MÁS...

01 Noviembre 2016
Un alto en el campo

Por Carlos Raúl Risso Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Si a veces encaramos asuntos de pintores no es que seamos expertos del tema, sino, simplemente porque nos interesa. Para los que andamos en el tradicionalismo con ganas de aprender, la pintura costumbrista conforma un capítulo más que importante, por lo que frecuentemente nos remitimos a ella.

Pero también es bueno reconocer, que no es mucha la gente de la “gauchería” que recurre a dicho tema. En los pintores que desarrollaron su tarea creativa durante el Siglo XIX recabamos frecuentemente aspectos que tiene que ver con indumentarias, caballos, ensilladas, viviendas y todo aquello que nos ayude a conocer el pasado con más precisión. Hasta la aparición y difusión de la fotografía, es la pintura la que puede brindarnos esa información, la que debemos complementar con las descripciones literarias generalmente encaradas por “los viajeros” que dejaron relatos. Entre aquellos “fundadores” de la pintura argentina, es paso obligado revisar lo creado por Prilidiano Pueyrredón, artista que se detuvo en los detalles para recrear obras que hablan del costumbrismo pampeano. Como ocurría en Europa, donde los servicios de los pintores se solicitaban a efectos de retratar a monarcas, miembros de las cortes y la nobleza, en estas “tierras nuevas” también los pintores eran solicitados como retratistas, y estaban aquellos que daban vía a libre a sus aspiraciones artísticas, en sus momentos sin compromisos, y entre estos estuvo Prilidiano quien se dedicó a reflejar el paisaje pampeano y las escenas costumbristas. Daría la impresión que su “pampa” es la próxima a “la aldea” de Buenos Aires; no podemos olvidar que el campo feraz estaba allí nomás, al alcance de la mano. Digo esto porque en sus cuadros el ombú es número puesto, y éste -más allá de aquello que “la pampa tiene el ombú”-, no existía cuando uno se adentraba en los “campos de pa’juera”. Sus obras costumbristas son complejas, muchos elementos las integran, los hay estáticos como también personajes en acción; sus horizontes son bajos y sus cielos profundos, generalmente límpidos, como que entonces eran así o bien los idealizó el artista. Y en ese medio, en ese paisaje tan nuestro, las escenas costumbristas suenan creíbles, a tal punto que no podemos decir “son mudos testimonios que hablan”, sino que son testimonios vivos que ¡realmente! hablan. Y que los curiosos de hoy solemos consultar para, mano a mano, tener certezas de lo que por otro lado, nos llegó como tradición, por la oralidad. Si bien fue un gran retratista formado a la europea, puede que su “debilidad” estaba en el paisaje, y como en el paisaje de su tiempo el campo se orlaba de gauchos, le resultó lo más natural insertarlos en “sus paisajes”, gestando escenas costumbristas de alto valor histórico. Sin embargo, Pagano, que debe ser sin duda quien supo ponerlo en valor, expresa que Pueyrredón “es quien es por sus retratos” por “ser un definidor de psicologías individuales”. Si bien se ignora dónde y con quien pudo haber estudiado, ya que estamos con su más aplicado comentarista, su sagaz observación le hace presumir que su formación fue francesa, más precisamente “parisina”. Pintó a la acuarela, al oleo y la aguada, sobre papel, lienzo y tabla. Nada le fue ajeno y a todo supo sacarle buen provecho. Desgraciadamente en su tiempo no fue justamente reconocido y el valor de sus obras era escaso: no era un pintor cotizado, pero si requerido por toda la sociedad. Por suerte el Museo Nacional de Bellas Artes se engalana con un cúmulo de sus obras. Unos tres lustros atrás, algunos coleccionistas privados se desprendieron de sus originales, y así fue que en Casa Naón dos de sus obras marcaron verdaderos records establecidos en la moneda estadounidense: “Los Capataces” U$S 515.660 y “Apartando en el Corral” (obra de 62 x 81) U$S 551.532, en ese momento record nacional de pintura argentina. De su obra que es muy profusa, podemos citar los óleos “Un Alto en el Campo” (75.5 x 166.5); “El Rodeo” (76 x 166); “Un Alto en la Pulpería” (pequeño óleo de 25 x 34 sobre tabla); “El Baño” (sobre tela 101 x 126) -famosa obra por lo controvertido del tema, en su época-; las acuarelas “Un Domingo en los Alrededores de San Isidro” (una variación más limitada, de “Un Alto en el Campo”); “La Montonera”; “Paisaje de la Costa de San Isidro”; “Paisaje de Brasil”. Del retrato, el aspecto que más lo destacó en su tiempo, imposible no resaltar el magnífico de Manuelita Rosas, óleo sobre tela de importantes medidas: 199 x 166, pintado en 1851; tres años antes había realizado el de su padre, lo que nos demuestra que a muy temprana edad para esta materia, 25 años, se afirmaba con soltura en un campo arto difícil. Según afirmación de Pagano, la obra sobre su padre fue “vivida y sentida con el espíritu puesto en máxima tensión”, y dicho cuadro ocupaba “un sitio de honor” en su taller, lugar habitual de reuniones y tertulias. Otros retratos notables: Coronel Álvaro Barros, Sra. Julia Sagasta de Quirno, Trinidad Saravia de Huergo, José Gerónimo de Iraola, entre muchos más. Prilidiano integró aquellas familias que tienen que ver con los fundadores de la Patria, y así decimos porque nació en el hogar formado por María Calixta Tellechea Caviedes y don Juan Martín de Pueyrredón, el mismo que fuera Director Supremo de las Provincias Unidas; nació entonces en Buenos Aires el 24/01/1823, siendo bautizado el 7/02 en la Basílica de Ntra. Sra. de la Merced por el Padre Domingo Caviedes, recibiendo con el padrinazgo Manuel Martín García y Damiana Concepción Caviedes, el de Prilidiano -tal como mandaba el santoral de la fecha- como único nombre. Viene a cuento referir su nombre, porque supo firmar sus cuadros como “P.P.”, iniciales de su nombre y apellido, pero otras veces utilizó “P.P.P”, trilogía que dio lugar a supuestos “Pedro” o “Pablo” inexistentes en su partida bautismal, y que solo habría respondido a una personal broma. Por otro lado son varios los personajes del Siglo 19 con una inicial adosada a su nombre cuyo real significado se ignora: José “S” Álvarez, Leandro “N” Alem, Pedro “B” Palacios… Parte de su infancia y toda su adolescencia tuvo un desarrollo itinerante: Brasil, Francia, España, hasta que en 1854, después de algunas estadas temporarias en Buenos Aires, se radica definitivamente en su país. Cuando la familia está radicada en Francia, cursa allí estudios en la Escuela Politécnica de París que otros denominan Escuela Central de París, donde se gradúa como ingeniero. Realizó trabajos propios de su profesión, entre los cuales -por curioso hoy- podemos citar el proyecto de la entonces llamada “Quinta Azcuénaga”, la que es desde 1918, la Quinta de Olivos, residencia presidencial. Joven aún, como que solo tenía 47 años, un 3/11/1870 se apagó el existir del soberbio artista que fue Prilidiano Pueyrredón, de quién ese estudioso del arte que es Gutiérrez Zaldivar, ha sentenciado que fue “…la personalidad más relevante del arte de los argentinos durante el Siglo 19”. Por suerte gran parte de su vasta obra se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes, con lo que podemos decir que se conserva a buen recaudo ese valioso patrimonio artístico e histórico por su significado, sobre todo en los paisajes con escenas rurales, que para el estudioso y crítico Roberto Amigo señala: “cuyo fin ha sido advertir que la nación moderna posee en el mundo rural el reservorio de una imaginada identidad argentina”. En su homenaje, el día 3/11 se ha establecido el “Día del Artista Argentino”. La Plata, 4 de septiembre de 201 Bibliografía Básica Pagano, José León – Prilidiano Pueyrredón (Academia Nacional de Bellas Artes, 1945) Payró, Julio E. – Pintores de la Argentina 1810-1900 (EUDEBA 1962) Diario La Nación – Récord Nacional para una pintura argentina en Naón (2/07/1999) Diario La Nación – Remates – Arte – J.C. Naón & Cía S.A. (11/07/1999)