El País y el Mundo

Entre el infierno y el paraíso. El Mundial, tormenta de emociones

Una tormenta emocional, eso es el Mundial de fútbol para muchos argentinos. El escenario habilita expresiones anímicas de todo tipo, transformándose en un ritual en el que, aun aquellos no dados...

Una tormenta emocional, eso es el Mundial de fútbol para muchos argentinos. El escenario habilita expresiones anímicas de todo tipo, transformándose en un ritual en el que, aun aquellos no dados a la pasión futbolera, sienten el eco de la intensidad (a veces enloquecida) del resto de sus compatriotas.

Es verdad que las grandes gestas deportivas ya desde la Antigua Grecia son ceremonias en las que lo deportivo, lo político, lo social, lo mítico y hasta lo económico confluyen, apelmazados en un tiempo y un espacio determinados. El Tiempo, así con mayúsculas, se hace distinto: se sale de lo habitual para entrar en una suerte de condensación temporal en donde cada gesto, cada detalle, cada jugada, nombre, circunstancia, está destinada a ser eternizada en clave de relato que atraviesa generaciones.

El suspenso se adueña de todo y los nervios se tensan ante lo que determinará el caprichoso destino. Muchos critican el factor desmesura o “manija” de estas gestas deportivas, la manipulación que se hace con ellas, pero se olvida que la capacidad humana de simbolizar es la que distingue a nuestra especie, y el fútbol, en particular el mundialista, representa simbólicamente escenas de la vida, la muerte, la resurrección, la nacionalidad, la guerra, la victoria, la derrota, la fraternidad, lo heroico, la claudicación, y mil etcéteras que son mucho más difíciles de percibir en el suceder “normal” de los días.

Por eso hombres y mujeres se habilitan a tanta desmesura por un deporte que, así visto, es mucho más que un deporte. En ese contexto la emoción será gestionada de muy variadas formas, pero si hay “enganche” con lo que simboliza un Mundial, sin dudas la indiferencia será casi imposible, y no podrá dejar de sentirse un nudo en el estómago o una explosión de éxtasis cuando la pelota hiera o acaricie las expectativas del equipo nacional.

Salvo los niños y las personas muy inmaduras o perturbadas, todos sabemos que tras la derrota habrá “resurrección” y tras la victoria habrá, en algún momento, “vuelta a la realidad”. Lo saben aun aquellos más fanatizados con el tema. La derrota nos hace vivir el “como si” estuviéramos en el infierno y la victoria es, también, un “como si” fuéramos habitantes del paraíso. Es “como si fuera…”, pero no lo es en realidad, por eso es un juego.

Sabiendo esto y teniéndolo como ancla, el tornado mundialista, dure lo que dure, será vivido con el corazón en la boca, con el corazón en la mano, con el corazón herido o que se sale del pecho de tanto orgullo y alegría.

Así, sabiendo que los juegos son más que juegos, pero a la vez solo son eso, la pasión en su desmesura tiene su belleza, aunque duela y las emociones sean las dueñas del escenario por el tiempo que corresponda.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sabado/entre-el-infierno-y-el-paraiso-el-mundial-tormenta-de-emociones-nid25112022/

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